miércoles, 12 de agosto de 2015

10 hitos del cine erótico

10 hitos del cine erótico

Con motivo del estreno de "Cincuenta sombras de Grey", recordamos algunas de las películas referentes del género

Cine picarón
Finalmente llega a los cines de buena parte del mundo Cincuenta sombras de Grey, adaptación llevada a cabo por la directora Sam Taylor-Johnson y la guionista Kelly Marcel del exitoso best seller de E.L. James. Un estreno que han esperado con singular morbo tanto los fans como loshaters de una novela cuyas ventas superan los 100 millones de ejemplares. Primera parte de una trilogía protagonizada por la cándida estudiante de literatura Anastasia Steele ( Dakota Johnson) y el lúbrico millonario Christian Grey (Jamie Dornan), la película narra la inmersión de la joven en sus deseos más oscuros e inconfesables, guiada por el turbio y magnético yuppie.
Con cerca de 150 mil entradas prevendidas y la promesa de ser uno de los grandes taquillazos del año, Cincuenta sombras de Grey es un estupendo punto de partida para repasar diez de los largometrajes más populares de la historia del cine erótico.

El último tango en París (1972), de Bernardo Bertolucci.

Marlon Brando y Maria Schneider cruzaban casualmente sus destinos en las calles de un París grisáceo y decadente bajo la batuta del prestigioso Bernardo Bertolucci (Novecento, Tú y yo). La audiencia acogió entre el escándalo y la fascinación este relato de visceral lirismo sobre un romance autodestructivo, cuya volcánica plasmación del sexo —en especial, la célebre escena de la mantequilla lubricante— provocó fuertes polémicas allá donde se estrenó.

Emmanuelle (1974), de Just Jaeckin.

Aunque no se tratara de la primera adaptación de la novela de Emmanuelle Arsan —Cesare Canevari ya había hecho lo propio en 1969 con Un hombre para Emmanuelle—, fue esta película francesa la que le dio al personaje, una recién casada (Sylvia Kristel) embarcada en una aventura de experimentación sexual, la dimensión mítica con la que cuenta hoy. El controvertido largometraje —que en 2015 no escandalizaría ni a las abuelitas más puritanas— supuso un inesperado éxito de taquilla, dando lugar a una interminable ristra de secuelas, muchas de ellas protagonizadas por la propia Kristel.

Las mil y una noches (1974), de Pier Paolo Pasolini.

Un año antes de abrir las puertas del infierno con Saló, o los 120 días de Sodoma, el maestro Pasolini se dedicó a adaptar los cuentos tradicionales de Oriente que recopila Las mil y una noches. El filme bascula entre un sentido del humor juguetón, bufonesco, y una mirada impregnada de poesía amarga a los engranajes del amor y de la pasión. Los desnudos frontales de intérpretes como Ninetto Davoli hicieron que más de un mojigato pusiera el grito en el cielo.

El Imperio de los sentidos (1976), de Nagisa Oshima.

Por la explicitud de los encuentros sexuales filmados —donde los órganos genitales de los actores hacían acto de presencia con total naturalidad—, así como por la estética de la crueldad que practicaba Oshima, El imperio de los sentidos marcó un antes y un después, en Oriente y Occidente, con respecto a los límites expresivos de lo erótico en el mainstream, traumatizando retinas a lo largo y ancho del planeta. Los protagonistas, Sada Abe (Eiko Matsuda) y Kichizo Ishida (Tatsuya Fuji), se internan juntos en un viaje sin retorno donde el placer y el dolor son las dos caras de una misma moneda.

Nueve semanas y media (1986), de Adrian Lyne.

Con un puñado de películas eróticas en su haber a día de hoy —Atracción fatal (1987), Una proposición indecente (1993), Lolita (1997) e Infiel (2002)—, en 1986 el británico Adrian Lyne grabó en la memoria de millones de espectadores el striptease que Kim Basinger, estrella en ciernes, le dedicaba al por entonces sex symbol Mickey Rourke. Es difícil no sentir cierta vergüenza ajena al volver a las imágenes de Nueve semanas y media, a las que el tiempo ha otorgado un poso de horterismo. Eso sí: aquellos hielos derritiéndose sobre pieles ardientes y los camisones transparentes les descubrieron el mundo de los juegos sexuales a más de uno.

Instinto básico (1992), de Paul Verhoeven.

Pocas figuras han sido más relevantes en el desarrollo del cine erótico contemporáneo que Paul Verhoeven. Todo un batiscafo de las pulsiones sombrías del deseo, como constatan Delicias holandesas (1971), El cuarto hombre (1983) o Showgirls (1995). En pleno interrogatorio, un cruce de piernas más sexual que sensual de la sospechosa Catherine Tramell ( Sharon Stone) bastaba para que la testosterona del agente Nick Curran ( Michael Douglas) diera un golpe de estado en su cerebro. El conflicto —y la lujuria— estaban servidos.

Crash (1996), de David Cronenberg.

Crash es una de las radiografías más desasosegantes del rumbo que ha tomado nuestra civilización, la crónica de una huida hacia adelante que no puede terminar sino en colisión. El canadiense David Cronenberg adapta a J.G. Ballard en este clásico del cine moderno, donde el fetiche por los objetos técnicos ha llegado a redefinir los límites de nuestro cuerpo y, por tanto, de nuestra sexualidad. Los protagonistas son un grupo de hombres y mujeres que se excitan nada más y nada menos que sufriendo accidentes de tráfico.

Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick.

La obra póstuma del insustituible Stanley Kubrick se inspiraba libremente en la novela Relato soñado(1925), del austriaco Arthur Schnitzler. Cuando la sombra del adulterio se cierne sobre el matrimonio que conforman William y Alice, él decide perderse durante una noche en los brumosos dominios del deseo. Este es el pistoletazo de salida de una odisea ensoñada e hipnótica, atractiva e inquietante, que cuenta con uno de los finales más contundentes del cine de las últimas décadas. Encabezaban el reparto Tom Cruise y Nicole Kidman, por entonces marido y mujer, lo cual acrecentó el interés del filme entre los adictos a la farándula.

Lucía y el sexo (2001), de Julio Médem.

Repudiada y ensalzada a partes iguales, con Lucía y el sexo Julio Médem actualizó el legado del mítico Bigas Luna y acercó al estrellato a dos actrices hoy tan reconocidas como Paz Vega y Elena Anaya . Lucía, la protagonista, se refugia en Formentera tras la enigmática desaparición de su novio. Allí  disfrutará de una inusitada libertad para explorar su propia sexualidad. La profusión de escenas con sexo no simulado desató una polémica que, no obstante, facilitó que se convirtiera en uno de los filmes de la temporada en España.

Nymphomaniac (2013), de Lars von Trier.

Seccionado en dos episodios, Nymphomaniac. Volumen 1 y Nymphomaniac. Volumen 2, el Festival de Berlín acogió el mejor trabajo del danés Lars von Trier en muchos años. También, hay que decirlo, se trata de una de las piezas más provocativas del cine europeo reciente. La historia de una ninfómana, desde su infancia hasta su madurez, narrada en primera persona, propone una serie de meditaciones ejemplares acerca de la eterna guerra entre la racionalidad y unos instintos no siempre edificantes. Tal como hiciera en Los idiotas (1998), von Trier rueda escenas X donde actores y actrices porno sustituyen a intérpretes de la talla de Charlotte Gainsbourg o Shia LaBeouf .


lunes, 29 de junio de 2015

Así trabajan los presos en las cárceles españolas

Así trabajan los presos en las cárceles españolas

Presos de la cárcel de Segovia cuentan su experiencia.
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Campo. Pájaros trinando. Un entorno casi bucólico nos introduce a un centro penitenciario. Ante las puertas, un parque infantil desierto. Lo ocuparán los niños que visiten a sus padres presos. En el vestíbulo, una lámina con el artículo 25.2 de la Constitución dicta los principios que rigen la vida dentro.
Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y la reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado (...) tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.
El derecho al trabajo, a la reinserción. Para comprobarlo entramos a la prisión de Segovia, donde cerca de un centenar de los 360 internos están empleados esta mañana de junio. Así se trabaja en las cárceles españolas.
Tras varios controles de seguridad se accede a un patio perfectamente compartimentado. Talleres y cocinas, aulas, instalaciones deportivas... Al fondo, las celdas. Jardines cuidados por los propios presos dan color al ambiente. Son las 11.30 de la mañana y siete internos se afanan con dos cocidos que hierven en ollas inmensas. Una, con la versión para cristianos. Al lado, la que comerán los musulmanes, sin cerdo. Son alrededor de 60 en este centro.
14 internos en turnos de cinco horas y acompañados por profesionales externos preparan cada día tantas dietas como dicten los médicos para los presos. "Esto es como un hospital. Cada uno está en unas condiciones, tiene unas necesidades y hay que mantenerles aquí", explica el cocinero. Comida sin sal, merluza al horno, verduras... Las instalaciones de la cocina y la calidad de los productos que enseñan no admiten réplica. Cuando terminan, otros presos distribuyen la comida por los 10 módulos del centro. Al lado, en la panadería, tres más producen 1.200 unidades de pan al día. Los miércoles y los fines de semana también se les da un bollo a los internos.
Guimar, de 27 años, es uno de esos 'panaderos' desde hace año y medio. (Por motivos de seguridad, la información personal y la condena de los presos están vetados en este texto). Empieza a moldear la masa a las siete de la mañana y termina cerca de la una. Seis horas que evita estar encerrado en su módulo, seis horas que roba a la rutina de su condena.
"Aquí es importante tener trabajo porque te quita muchas horas de pensar. Además te ayuda a vivir sin ser una carga para la familia, incluso a mandarles dinero", afirma. Lo suyos, fuera, le cuentan lo que cuesta encontrar trabajo. "Yo siempre había trabajado en la construcción, de fontanero, de albañil.... Hace dos semanas vi a mi padre, que también se dedica a eso, y me dijo que tiene que hacerlo todo muy barato, que está difícil...". Para conseguir su empleo en prisión, Guimar hizo un curso de formación de 560 horas y la Junta de Tratamiento consideró que era el más apto para el puesto. De los 65.659 presos que llenaban las cárceles el pasado marzo, 12.436 trabajan y reciben un sueldo.
En esta gráfica puede consultar la evolución de la población carcelaria en España desde 2007 y la relación entre el número de internos que trabajan y la siniestralidad laboral. | Gráfico: Juan C. Sánchez

Permisos y reducciones de condena

"La Junta de Tratamiento de cada prisión, integrada por trabajadores sociales, psicólogos, juristas y funcionarios, valora las habilidades y necesidades de los presos", cuenta el director de la cárcel, José María García. Los elegidos para trabajar reciben un sueldo, cotizan a la Seguridad Social, ocupan horas de condena y aprenden un empleo que podrá servirles fuera. Y ven acercarse la puerta. "Todo se evalúa, todo suma, y si reciben buenos informes por su trabajo, les beneficia a la hora de conseguir permisos y reducciones de condena", explica García.
La actividad laboral de los presos se considera una relación de carácter especial por el Estatuto de los Trabajadores (Ley 8/1980, de 10 de marzo), y cuenta con las prestaciones sociales de cualquier trabajo por cuenta ajena. Todos los internos están afiliados al régimen general de la Seguridad Social, tendrán derecho a subsidio de desempleo y las retribuciones están referenciadas al salario mínimo interprofesional (648 euros), aunque muy pocos llegan a cobrar eso.
"Es sólo una referencia que va ligada a la productividad, la dedicación y las horas. Generalmente, el sueldo disminuye -de media ronda los 300 euros- pero también hay casos como los de la cárcel de Ocaña, donde tenemos a una empresa con más de 300 trabajadores y muchos presos cobran más", explica José Suárez Tascón, gerente de Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo (TPFE), el organismo que organiza la actividad productiva y emplea a los presos; el empleador en sus nóminas.

Empresas externas en las prisiones

En Segovia, el trabajo remunerado se centra en talleres de producción textil, en los que los presos fabrican los uniformes de los funcionarios, y en servicios para autoabastacer el centro. Aquí no vemos empresas externas, como sí ocurre en otras cárceles de España. Son las tres patas en las que se divide el trabajo penitenciario. De acuerdo con las estadísticas del tercer trimestre de 2015, la media de internos en talleres de servicios era de 9.158, en talleres de producción propia, 305, y en empresas externas, 2.960. Hay actividad productiva en textil, carpinterías de metal y madera, imprentas, agrícolas, cocinas, lavanderías, mantenimiento, economatos, jardinería...

Sectores de trabajo

Estos son los tres ejes en los que se divide el empleo y el número de presos que trabaja en cada uno de ellos. | Gráfico: Juan C. Sánchez

La actividad más controvertida es la que afecta a empresas privadas. Éstas llevan su producción a las prisiones y el Estado se hace cargo de la mano de obra -las retribuciones de los presos y su Seguridad Social-, las instalaciones y sus gastos correspondientes, como agua y luz. Hay auténticas naves industriales dentro de las cárceles. Instituciones Penitenciarias reconoce en su memoria que "se realizan procesos productivos de importantes empresas del sector industrial español" y, aunque la relación está regulada por un convenio público, evitan dar sus nombres "por motivos de imagen y seguridad".
¿Reciben demasiados beneficios? "El proceso tiene una serie de ventajas para las empresas, como las instalaciones o que no pagan la seguridad social, pero no siempre les sale tan competitivo. Yo no tengo cola esperando a venir a la cárcel. Hay unos 12.500 presos trabajadores, pero tenemos instalaciones para 20.000. Hay talleres equipados y vacíos porque no tenemos empresas que traigan su trabajo. Hay que entender que las personas privadas de libertad tienen connotaciones, un día producen más y otro, menos, mejor o peor.... Algunas se han ido, como una que llevaba tiempo con nosotros, pero la ha comprado una multinacional y se la ha llevado a Marruecos, pero también hemos conseguido repatriar a otras para trabajar en las cárceles después del éxodo de estos años", añade el gerente.

Críticas al sistema

No todos comparten su visión. "El proceso tiene un punto perverso ya que puede darse el caso de que una misma empresa tenga a trabajadores dentro de prisión haciendo el trabajo por un tercio del salario por el que lo harían fuera", denuncia Valentin Aguilar, de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y una de las voces críticas con el sistema de trabajo penitenciario español.
¿Intervienen las empresas en el proceso de selección? "No, lo único que hacen es llevar su actividad a la cárcel, pero es obvio que también tienen voz, necesitan una productividad mínima para que les sea rentable estar aquí. Si la Junta de Tratamiento selecciona a personas que no dan la talla y no son productivas o porque no saben o porque no quieren, no podemos obligar al empresario a que los mantenga. No están para hacer una obra de caridad. Es un entorno laboral en toda regla", cuenta Suárez Tascón.
Valentín Aguilar persiste en la crítica: "Trabajar en prisión es un tesoro para el preso porque le abre la puerta a permisos y le da dinero para mandar a casa, pero es un tesoro envenenado por varias razones. Primero, porque al ser casi siempre a tiempo parcial, la retribución y la cotización son muy bajas. Al salir tienen derecho al subsidio de desempleo pero suele ser bajísimo y durante poco tiempo y, a cambio, se anula su subsidio de excarcelación, que es mayor en tiempo e importe -426 euros durante un máximo de 18 meses-. Además, en su vida laboral aparecerá marcado como empleador 'centro público', algo que sólo se aplica a instituciones penitenciarias y centros de reforma, lo que le condiciona de cara a posibles contrataciones cuando esté fuera", dice este abogado de profesión.
Asegura además que existen denuncias de presos que afirman que han trabajado más horas de las que les pagan. "El principal problema es que el trabajo se desarrolla en un lugar oculto en el que no hay fácil acceso a la atención jurídica.. No hay ninguna forma de acreditarlo y los presos no tienen derecho a la acción sindical, lo único que pueden hacer es acudir al juez de vigilancia penitenciaria", explica.
"Consideramos que una solución para disipar las dudas sería que los sindicatos entrasen a las prisiones para saber realmente qué ocurre y acabar con la falta de transparencia y, por tanto, la falta de posibilidad de control", cuenta. Añade también que no existe la figura del despido ni hay "un criterio definido ni para el cese ni para la incorporación a un trabajo".
Imagen histórica de los talleres de carpintería en el Penal del Dueso (Santoña). Foto: Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo.

Cárceles que se autoabastecen

En el taller de confección de la cárcel de Segovia, Radu corta el cuello de una camisa. Es un hombre delgado, de mirada tímida. "Venir todos los días me sirve para salir del módulo, y aquí es mejor, hay más libertad y ocupo el tiempo. Y así no molesto a mi familia porque tengo para mis gastos y puedo mandar 100 euros todos los meses a mi mujer y a mi hijo", cuenta en un castellano difícil.
En Segovia se confeccionan los uniformes que llevan los funcionarios de prisiones y se centraliza su distribución a toda España. "Antes teníamos talleres de mecánica y madera, pero el pinchazo de la burbuja inmobiliaria hizo que cayese la demanda", cuenta el director de la prisión.
19 presos trabajan con las máquinas, cortando y cosiendo patrones. María José, la maestra de taller, no les quita la mirada de encima. "La verdad es que agradecen trabajar, sobre todos los extranjeros. Te dicen, 'A mí me hubiese gustado trabajar fuera, si hubiese podido, lo habría hecho...'. Y hay gente muy joven, como éste de 25 años, que nunca había trabajado y agradece hasta que le regañes -cuenta, señalando a uno de los internos- Supone una disciplina, una obligación, no piensan en la condena que tienen por delante... Pero, obviamente, no todos responden de la misma manera".
Radu trabaja confeccionando los uniformes de los funcionarios. Manda 100 euros a su mujer y su hijo todos los meses. | Foto: Javier Nadales
Al emplear a los presos, las cárceles españolas se autoabastecen y reducen los costes del personal externo. Dinero que se ahorra la Administración. El propio gerente del TPFE pone de ejemplo las cocinas: "Tenemos a 1.796 personas trabajando y hacemos el 100% de la actividad en alimentación. Ahora estamos dando la alimentación a una media de 3,77 euros por día e interno y si lo comparamos con Cataluña, que tiene el servicio externalizado, está pagando entre 12 y 14 euros por persona. O en Las Palmas cuando yo llegué estaban pagando a 9 o 10 euros el racionado. Imagínate si lo multiplicas por cada interno el ahorro que supone. Ya no es sólo que emplees a presos si no los 6 o 7 euros que te ahorras por cada uno al asumir tú la gestión", dice Suárez Tascón, el gerente del TPFE.
"La ropa de cama también se fabrica dentro de los centro penitenciarios y se vende fuera y en los economatos tenemos un sistema de compras centralizadas por el que conseguimos precios bajos que nos permiten luego generar beneficios con los que pagamos parte de la formación de los internos. Esta entidad no tiene como fin conseguir beneficios si no la integración y la formación de los presos, pero tenemos un sistema que nos permite casi autofinanciarnos", cuenta. La cárcel también busca el pleno empleo y centro como los de Daroca y Ocaña I y II casi lo han conseguido.

Prisiones especializadas

En Estremera (Madrid) más de 100 presos trabajan montando piezas para ascensores de una importante empresa.
Más de 130 internos de Daroca (Zaragoza) montan pequeñas piezas para vehículos.
En Jaén se confecciona la ropa laboral que usan los internos que trabajan en los talleres de los centros penitenciarios.
La cárcel de Valdemoro (Madrid) está especializada en el trabajo de imprenta. Imprimen parte del material de Instituciones Penitenciarias y el Ministerio de Interior
En Ocaña I se manipulan los lotes higiénicos que se entregan a los presos y se distribuyen a toda España, excepto Cataluña.
Los presos de Córdoba confecciona toda la ropa de cama de los centros penitenciarios.
En Ocaña I y II cerca de 180 internos trabajan montando piezas para equipos de aire acondicionado.
Los presos de Segovia, Topas, Soto del Real y El Dueso confeccionan los uniformes de los funcionarios de prisiones.

Talleres de formación

Antes de obtener un trabajo, los presos pasan por talleres de formación y reciben un título del que podrán servirse cuando estén fuera -TPFE invierte cada año cerca de 15 millones de euros en formación-. La paradoja es que no hay ninguna forma de saber si es efectivo, cuántos lo aprovechan cuando acaba su condena. "Una vez que salen de prisión no hay ningún seguimiento. No sabemos si trabajan o no, dónde ni durante cuánto tiempo", confiesa el gerente.
En uno de los talleres de formación de Segovia, el de maquinista de confección industrial, 15 presos han tenido examen esta mañana. ¿Qué es un patrón? ¿Qué es una tara? ¿Qué es un piquete y para qué sirve? Algunos no contestan, otros no saben escribir... Nos enseñan lo que están aprendiendo, bromean. La media de edad no supera los veintitantos. Es inevitable preguntarse qué habrán hecho para terminar presos.
Cuando el reloj marca las 13.00 los internos comienzan a regresar a sus módulos. A las puertas del taller, un detector de metales evita que se lleven ninguna herramienta. El cocido está preparado en las cocinas.

@raquelquilez / @jotanadales / @_JuanCsanchez_

jueves, 12 de febrero de 2015

10 películas que subieron la temperatura de Hollywood antes de '50 sombras de Grey'

10 películas que subieron la temperatura de Hollywood antes de '50 sombras de Grey'

'Nueve semanas y media', 'El último tango en París' o 'Crash' marcaron en su día el listón sexual de la industria.


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Combo con escenas de 'Nueve semanas y media', 'Crash', 'El último tango en París' y '9 songs'.
Escenas de 'Nueve semanas y media', 'Crash', 'El último tango en París' y '9 songs'.
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·                                 El puritano Hollywood mantiene el suspense de su film más escandaloso
MADRID.- El rotundo éxito de la novela de E.L. James y su alto contenido erótico han convertido la película de 50 sombras de Grey en uno de los acontecimientos cinematográficos de la temporada, con casi tres millones de entradas despachadas en preventa en todo el mundo. Y eso que la productora se ha guardado con celo enseñar la película tanto al público como a la prensa hasta un día antes del estreno mundial.

Pero el "fenómeno fan" es un arma de doble filo y los cambios introducidos con respecto al libro podrían volverse en contra de la cinta, que podría dejar a muchos con la miel en los labios. Y es que la imaginación surgida a raíz de las escenas tórridas que se describen en el libro podría verse defraudada en la versión cinematográfica. Sin embargo, Hollywood -pese a su puritanismo- tiene muchos ejemplos de películas subidas de tono y que no desmerecen en absoluto la tensión sexual de 
50 sombras de Grey. Diez de ellas sirven perfectamente de ejemplo:


1.- Secretary (2002), Steven Shainberg

Versión "indie" de 
50 sombras de Grey, combina una historia romántica con trasfondo sadomasoquista. Secretary tiene además gotas de humor (negro) y ganó el premio especial del jurado en el Festival de Sundance por su "originalidad".

Maggie Gyllenhaal demostró su capacidad transgresora en su papel de Lee Holloway, una joven recién salida de una institución mental, que intenta rehacer su vida y encuentra un trabajo de secretaria. Su jefe (James Spader), por cierto, también se apellidaba Grey.
2.- Henry & June (1990), Philip Kauffman

El guionista de Indiana Jones dirigió esta adaptación de los diarios íntimos de Anaïs Nin. Ambientada en el París de los años 30, cuenta las relaciones amorosas entre el novelista Henry Miller (Fred Ward), su esposa June (Uma Thurman) y la propia Anaïs (Maria de Medeiros).

La película dio origen a la creación de una nueva categoría de clasificación de contenidos por parte de la Motion Picture Asociation of America (MPAA), la NC-17 en lugar de la "X" para películas no adecuadas para menores, pero tampoco pornográficas.
3.- El amante (1992), Jean Jacques Annaud

Basada en la novela de Marguerite Duras, es otro ejemplo de ruptura de tabúes y de la difícil relación entre cine y literatura. Annaud pasó horas con la autora para llegar a un acuerdo sobre el guión, pero ésta acabó quedándose al margen.

El amor lascivo y desaforado entre una adolescente francesa (Jane March) y un acaudalado hombre de negocios chino (Tony Leung) mayor que ella, en la Indochina colonial de los años 20, desafió las convenciones de la época.
4.- 9 songs (2002), Michael Winterbottom

El director británico no convenció a la crítica, pero 9 songs, la historia de un amor a través de nueve encuentros sexuales, deja tan poco trabajo a la imaginación que muchos la calificaron como "porno".

Película experimental, tiene alicientes para los amantes del rock: cada encuentro amoroso está ambientado con la música de Black Rebel Motorcycle Club, The Von Bondies, Elbow, Primal Scream, The Dandy Warhols, Super Furry Animals, Franz Ferdinand y... Michael Nyman.
5.- Nueve semanas y media (1986), Adrien Lyne

Todo lo contrario que en 9 songs, la película que lanzó al estrellato a Kim Bassinger y Mickey Rourke es altamente sensual sin ser explícita.

Con su estética de videoclip de los ochenta, recaudó más de cien millones de dólares, y hoy es recordada sobre todo por el "striptease" de Bassinger al ritmo de "You can leave your hat on" de Joe Cocker.
6.- Fuego en el cuerpo (1981), Lawrence Kasdan

Otra producción de los 80 que creó un mito erótico, en este caso Kathleen Turner, mujer fatal de libro en esta ópera prima del guionista de 
El imperio contraataca, que es cine negro puro con alto voltaje sexual.

William Hurt interpreta a un joven abogado de Florida cuya rutina salta por los aires el día en que Matty (Turner), casada con un hombre mucho mayor, se cruza en su camino.
7.- Crash (1995), David Cronenberg

El siempre inquietante Cronenberg dio un paso más en su evocación de lo extraño en este drama sobre un grupo de fetichistas de los accidentes de coches.

Con 
Crash no caben medias tintas, o entusiasma o repele. Al jurado de Cannes le entusiasmó y le dio el premio especial. Eso sí, tuvo problemas con la censura y en taquilla no funcionó muy bien.
8.- El imperio de los sentidos (1976), Nagisha Oshima

La película que consagró a Oshima como figura de culto narra el encuentro entre un hombre casado y una mujer a la que conoce en un burdel, una relación cada vez más exigente llevada al límite más radical y trágico posible.

Para evitar la censura en Japón, el cineasta registró su película en Francia. En Gran Bretaña no pudo estrenarse hasta 2011 y en España fue clasificada 'X'.
9.- El último tango en París (1972), Bernardo Bertolucci

La censura y el escándalo marcaron también el estreno de la sexta película de Bertolucci. Sexo sin compromiso para una historia que marcó época, la del viudo Marlon Brando y la joven Maria Schneider.

Clasificada 'X' en EEUU, en España no pudo verse hasta 1978. Director, productor y protagonistas fueron llevados a juicio en Italia y Bertolucci perdió el derecho a voto durante cinco años. Hoy se recuerda, entre otras cosas, por el descubrimiento de la mantequilla como lubricante.
10.- Shortbus (2006), John Cameron Mitchell

No todo va a ser drama en los intentos de conciliar sexo y cine comercial. Shortbus es un cabaré clandestino de Nueva York frecuentado por artistas que buscan diversión y sexo en grupo.

Entre sus personajes, una pareja en crisis que decide condimentar su relación con un tercero, o una terapeuta sexual que nunca ha experimentado un orgasmo. Como trasfondo de la comedia, la soledad y la insatisfacción.